Archivo Mensual: marzo 2012


Crisis o brotes de crecimiento

Este excelente artículo, pertenece a la página web de Albalactancia, es muy importante conocer las llamadas crisis de crecimiento, para superar ese bache que suele ser una de las causas de abandono de lactancia rondando los 3 meses o incluso antes. Como siempre os decimos con informacón podemos llegar!!.

En el transcurso  de la lactancia se pueden dar situaciones en las que se produce un desajuste entre la oferta y la demanda de leche.

Todos los bebés las experimentan a edades similares, lo que nos permite esperarlas y estar preparados para sobrevellarlas, aunque cabe señalar que las fechas indicadas son aproximadas, y pueden variar en función de cada díada madre-hijo.

A los 17-20 días de vida:

Es el momento en que más leche va a producir la madre en toda la lactancia, en torno al litro y medio por día.

El bebé puede haber sido muy regular desde el nacimiento en cuanto al número de tomas que hace. Hay niños que maman como un reloj cada equis horas desde el nacimiento hasta los 15 días de vida pero, llegada esta fecha, de la noche a la mañana aumentan su demanda de manera exacerbada. Sólo quieren mamar una hora tras otra, parecen negarse a dormir y sólo se calman mamando.

Si el niño ha recuperado el peso del nacimiento (en circunstancias normales, lo recuperan antes de cumplir los 15 días de vida) y la lactancia “ha funcionado” hasta ese momento, la sorpresa es mayúscula para la madre, pues el comportamiento del niño es desconcertante y le hace pensar que no tiene suficiente leche o que el bebé se queda con hambre, Si  a esto se le une el hecho de que la madre nota los pechos blandos, la situación puede llegar a ser tensa y agotadora. Muchas mujeres dejan de dar el pecho en este momento para iniciar la lactancia mixta o abandonar la lactancia materna del todo.

La realidad es que los bebés necesitan aumentar la cantidad de leche que fabrica la madre y la única manera que tienen de hacerlo -recordemos que el pecho fabrica en función de la demanda- consiste en multiplicar le número de tomas, en pegarse literalmente al pecho de la madre durante 3-4 días. Una vez logrado el objetivo, el niño volverá a hacer tomas más espaciadas y la lactancia retomará su curso normal.

A las 6-7 semanas de vida

Hacia el mes y medio de vida, los bebés y sus madres viven la segunda gran crisis de lactancia. De nuevo, el niño necesita más volumen de leche y sabe perfectamente como conseguirlo, así que vuelve a aumentar el número de tomas. Este incremento de la demanda suele ir acompañado de una conducta alterada por parte del niño cuando está en el pecho: se pone muy nervioso,  mama dando tirones, llora en el pecho, arquea la espalda (con el pezón en la boca), tensa las piernas. 

Al parecer, en este momento también se produce un cambio en la composición de la leche, cuyo sabor varía significativamente y de forma transitoria. La leche tiene un sabor más salado, y a algunos niños no les gusta el cambio.

Al igual que en la crisis de los 17 días, una vez normalizada la situación, (lo que puede producirse al cabo de aproximadamente una semana), los niños recuperan el patrón de lactancia anterior a la crisis.

A los 3 meses

En general, se habla de la crisis de los 3 meses describiéndola como un momento en que:

  • El bebé ya no pide pecho tan a menudo, algo que la madre  puede interpretar de diversas formas: no tiene hambre, no quiere comer o la rechaza. 
  • El niño que antes se mostraba encantado de pasar largo rato prendido al pecho hace ahora tomas de escasos minutos.
  • La madre se nota los pechos blandos, lo que atribuye a una producción insuficiente de leche.
  • El bebé hace tomas caóticas, en las que se distrae por cualquier cosa y a menudo rompe a llorar al poco rato de haber empezado a mamar. Sólo parece  mamar bien y tranquilo cuando está dormido.
  • El bebé engorda menos, lo cual es perfectamente normal pero puede reforzar la sensación de que pasa hambre.
  • El bebé se chupa el dedo o la mano entera casi con voracidad, lo que de nuevo puede causar alarma tanto si se interpreta como un signo externo de hambre, como si despierta el temor de que de más mayor “haga la pipa”. Ambos temores son infundados.
  • A menudo, hay una disminución en la frecuencia de las deposiciones del bebé (si hasta entonces hacían caca varias veces al día, pueden pasar a hacer sólo una o incluso pasar varios días sin ir de vientre). Puesto que las deposiciones también suelen interpretarse como medidores de la ingesta de leche, la madre puede interpretar esta menor frecuencia en las deposiciones como señal de una ingesta insuficiente.

A consecuencia de todo lo expuesto, la crisis de los tres meses es a menudo el momento en que se inicia la suplementación con leche artificial y el abandono paulatino de la lactancia materna. La sensación de rechazo y de falta de leche se apodera de la madre, aunque en realidad lo que está ocurriendo es perfectamente superable si se entiende y se maneja de forma adecuada. 

A los tres meses los bebés son expertos en el arte de la succión, y en  una toma de escasos minutos pueden extraer toda la leche que necesitan.

A partir de los tres meses se producen granes cambios en su cerebro; las conexiones neuronales se multiplican a toda velocidad y su inteligencia, cada vez más desarrollada, les abre un mundo de sensaciones. Hasta los tres meses, su sentido de la vista y el oído es limitado, inmaduro y goza de una funcionalidad reducida. A partir de los tres meses, sin embargo, la visión mejora de manera espectacular y empiezan a ver más allá de la cara de su madre, por lo que se distraen por cualquier cosa a la hora de mamar: un cuadro colgado detrás de mamá, alguien que está sentado al lado de ésta, una mosca que pasa volando, el propio rostro de mamá, que el niño mira y a la que sonríe, el momento en que papá entra en la habitación… Y con el sentido del  oído  pasa lo mismo: si alguien entra en la habitación y habla, si la tele hace ruido, si pasa una ambulancia por la calle… la sana curiosidad del niño lo va a impulsar a dejar de mamar para oír qué pasa a su alrededor, y las madres se desesperan  por ese comportamiento irregular y aparentemente displicente: “Mama en 5 minutos o menos, y en ese tiempo se suelta del pecho o se distrae mil veces. Eso si, por la noche mama de fábula y está mucho rato en cada pecho, como antes, sin soltarse ni ponerse a llorar”.

Por si fuera poco, a partir de los tres meses los niños lloran al mamar. No bien empiezan a succionar, se ponen a bramar con desesperación. Esto no hace más que aumentar la angustia de la madre, puesto que se nota los pechos extremadamente blandos, tiene la sensación de que apenas produce leche y es posible que haya dejado de notar las subidas de la leche.

Otra combinación de factores que impulsa a las mujeres a dejar el pecho de forma precoz y no deseada.

La situación tiene una explicación lógica, y por supuesto la madre tiene leche suficiente y la capacidad para fabricar toda la que el niño necesite en un momento dado. Pero el cuerpo materno es muy sabio y modifica el sistema de producción de leche para optimizar el proceso. Ahora la glándula mamaria está preparada para fabricar la leche en el momento que el niño la requiera, y el cuerpo tarda sólo 2,2 minutos en desencadenar el reflejo de eyección y proveer al niño de toda la leche que le hace falta.

Lo cierto, sin embargo, es que los niños suelen mostrarse molestos con este cambio. Estaban acostumbrados a encontrar la cantidad de leche que ellos querían nada más ponerse al pecho, pero ahora tienen que succionar, esperar unos minutos  y volver a mamar.

He aquí un símil que puede ayudar a entender el proceso: hasta el momento de la crisis, los niños comían en un buffet con servicio las 24 horas, y nada más sentarse a la mesa ya tenían la comida ante sí. Cuando empieza la crisis, el restaurarte mediocre se transforma en uno de lujo, hay que esperar al camarero, hay que leer el menú  y esperar a ser servido, lo que se traduce en 2,2 minutos de espera, que les sienta muy mal durante el mes y poco que tardan en aprender que toca esperar 2 minutos para comer. La cantidad  de leche que toman es exactamente la que necesitan, no hay problemas de fata de leche.

Todos los factores que intervienen en la crisis de los tres meses la hacen muy compleja, y si no se conocen los mecanismos por los que se produce, el resultado es un abandono precoz de la lactancia con la sensación equivocada de falta de leche o de rechazo por parte del bebé.

Consejos para superar las crisis:

-Jamás, bajo ningún concepto, hay que forzar a un niño a mamar ni insistir demasiado para que tome el pecho, puesto que el resultado puede ser justamente el contrario y provocar un rechazo real donde hasta entonces no existía más que una crisis pasajera.

-Cuando un niño está en plena crisis, puede resultar muy útil darle el pecho en penumbra y en silencio, puesto que cuantos menos estímulos externos haya, más tranquila será la toma. 

-No esperar a que el niño llore para ponérselo el pecho, pues es posible que para entonces su ansiedad se traduzca en desesperación. 

-Paciencia, mucha paciencia. Tal como ha llegado, la crisis se irá. 

 


El miedo a la separación 1

Esta consulta esta respondida por  la psicóloga Valentina Ganem, www.crecerjuntosconarte.blogspot.com. Y seguramente os será util a muchas de vosotras, para comprender y actuar ante el miedo a la separación.

Hola,   Mi hijo tiene 25 meses y estoy un poco angustiada porque no lo puedo dejar  solo, ni al cuidado de nadie,  ni siquiera con su cuidadora.

Antes no había problema: se iba con todo el mundo. Ahora sólo quiere estar conmigo todo el tiempo. La única manera de que no llore un rato es cuando logramos que se “distraiga” con algo y yo puedo salir a escondidas para que no me vea. En cuanto me ve salir empieza a llorar o al poco tiempo que ve que no estoy empieza a montarla otra vez. Pero en cuanto me ve deja de llorar y como si nada.  Estoy desesperada porque no quiero que sufra,  pero yo no puedo estar constantemente con él. Todavía no está en guardería.  Quiero que sea un niño independiente. ¿Qué puedo hacer?  ¿Qué estoy haciendo mal?

Muchas gracias por tu ayuda.

M.     

Hola M. Me imagino tu angustia al no saber qué le está ocurriendo a tu pequeño. Son muchos cambios por los que está pasando en este momento tu hijo. Para él resulta muy estresante separarse de las únicas personas con las que ha estado hasta ahora. Ve el mundo como un lugar muy grande y muy raro y para él, el tiempo pasa muy despacio. 

En el momento,  realmente desapareces de la faz de la tierra y cree que no vas a volver. Un ejemplo muy claro es cuando le pides a un niño que se esconda: por lo general cierra los ojos y, de esta manera, piensa que ya desapareció. Imagínate que te dicen que es la última vez que vas a ver a tu pareja o a un familiar.

Yo me pongo a pensar eso y mi reacción sería aferrarme a él y llorar desconsoladamente y gritarle: ¡no te vayaaass! .  Es lo mismo con tu pequeño: él cree que vas a desaparecer de su vida y no hay nada que le garantice  que tú vas a volver.  

Ahora,  imagínate que vas con tu pareja o una amiga a un centro comercial y cuando  te distraes viendo un libro, ya no encuentras a la persona que va contigo: lo buscas en la tienda, en las tiendas de alrededor, lo llamas por teléfono y no contesta, lo buscas en el baño, te vas al coche porque piensas que a lo mejor tampoco te encontró y es un lugar donde podría estar. ¡Pero no está! Pensándolo fríamente, lo más fácil es que la reacción de cualquiera fuera de angustia.

Yo me preguntaría ¿Por qué no me avisa que se va por su cuenta? ¿Hice algo malo que no le gustó? ¿Le habrá pasado algo? A mí no me gustaría que me pasara. ¿A ti?  

En nuestra cultura, porque algunas veces nos ha funcionado,  pensamos que es más fácil salir a escondidas? ¡SHHH NO LE DIGAS QUE ME VOY? SHHH!  

Y salimos disparados y agachados para que no  vea que ya no estamos. Por supuesto que se angustia tu pequeño cuando se da cuenta que ya no estás,  porque para él desapareciste de la faz de la tierra. Su angustia es REAL, no te está chantajeando ni nada parecido. En cuanto te ve, se tranquiliza y sigue jugando.   

Después de lo descrito, tal vez podemos imaginarnos y sentir  la etapa por la que está pasando tu pequeño.

En muchas ocasiones puede presentarse este “miedo a la separación”, generalmente a partir de los 8 meses de edad aproximadamente. El irá entendiendo que mamá o papá no desaparecen, sino que regresarán. Es un proceso madurativo y  lo irá aprendiendo poco a poco. En nuestros talleres hablamos sobre esta etapa, que es algo normal y es parte de su proceso.  

¿Cómo puedo ayudarlo en esta etapa?  

  • Siempre despedirnos y avisar cuando regresamos.   Desde muy bebés (me refiero desde recién nacidos) podemos ir explicándole que nos vamos, que ahora REGRESAMOS, que iremos a la sala. Por supuesto que no te entenderá si es muy bebé, pero así tendremos el hábito de SIEMPRE avisarle  de que nos vamos pero que REGRESAMOS. Un dato importante es que muchas veces tenemos el hábito de despedirnos pero se nos olvida avisarles de que ya regresamos.  
  •  Llamarles desde donde estemos.   Con tu pequeño puedes empezar avisándole que vas a baño y que regresas, y desde el baño le estás hablando.  
  • Enseñarles fotos familiares.   Desde los 10 meses de edad, aproximadamente, se interesan por las fotografías. Puedes enseñarle fotos de las personas más cercanas y una foto de la cuidadora, para que se vaya familiarizando e identificándolas.   
  • Mostrarle Imágenes o fotos de su rutina.   Puedes hacer un álbum con fotos o recortar de revistas imágenes de la rutina de tu pequeño. Por ejemplo: un niño jugando, comiendo, durmiendo, lavándose los dientes. Lo pegas en una cartulina y le vas explicando lo que va a pasar cuando tú no estés. Y así él irá entendiendo lo que hará en cada momento antes de que ustedes regresen.  
  • Contarle cuentos:   Recuerda que los cuentos son fantásticos y  le ayudarán a combatir sus propios temores e inquietudes. El cuento que hoy recomiendo es: ?Simón. Mamá sale esta noche? de Juliet Pomés Leiz. Nos muestra imágenes de Simón sentado en las piernas de su mamá, donde ella le explica que saldrá a cenar pero que se quedará con su tío Oscar. A Simón no le gusta mucho la idea. Pero en las siguientes imágenes muestra todo lo que hará con el tío Simón mientras mamá no está. La última ilustración se ve que mamá regresa, le da un beso pero el ya está dormido.    

rEcUeRdA:   Tu pequeño está en una etapa evolutiva de muchos cambios. Él todavía no entiende que regresas pero poco  a poco irá entendiendo. En nuestros talleres hablamos sobre este tema y a través de juegos y cuentos van superando el “miedo a la separación”.  

 

Valentina Ganem

Psicóloga

www.crecerjuntosconarte.blogspot.com

http://cosasdelainfancia.com/articulos/el-miedo-a-la-separacion.php


Los recién nacidos se estresan mucho cuando son separados de sus madres

Lo que todas sabemos.. porque lo sentimos cuando nos separamos de nuestros bebes…
 
El contacto con la piel de la madre relaja a los neonatos. Fuente: Wikimedia Commons.
Una vez que ha nacido un bebé, a menudo éste es separado de la madre para colocarlo en una cuna cercana o para asearlo. Un nuevo estudio, cuyos resultados han aparecido publicados en Biological Psychiatry, revela que esta separación resulta muy estresante para el recién nacido.

Los humanos somos los únicos mamíferos que practicamos la separación de la madre y el recién nacido. Pero, hasta ahora, el efecto de esta práctica sobre los niños era desconocido.

Los autores de la presente investigación midieron la variación de la frecuencia cardiaca de bebés de dos días, cada vez que éstos entraban en contacto físico con sus madres, y cuando los niños estaban solos en cunas cercanas a ellas.

De esta forma, descubrieron que la actividad autónoma neonatal era un 176% más alta y el sueño un 86% menos calmado cuando los niños estaban solos, en comparación con el rato que éstos estaban pegados a sus madres.

Según los investigadores, estos resultados demuestran el profundo impacto de la separación materna en los niños. Ya se sabía que esta separación resultaba estresante para ellos, pero en realidad supone la principal causa de estrés en neonatos.

Por el contrario, el contacto físico directo entre madres y bebés presenta muchos beneficios, como se ha comprobado ya en bebés prematuros. Por eso, los científicos señalan que los médicos deberían incorporar el contacto piel a piel de madres e hijos dentro de las rutinas de tratamiento de los neonatos.

 
 

EL INICIO DE LA LACTANCIA

Sin duda toda la información veraz que recibas a la hora de dar el pecho os facilitará el camino. En este breve resumen, extraido de la web de ser padres, tenéis información  básica, a la que se debería añadir, acudir al grupo de apoyo más cercano,punto crucial donde los haya.
 
 
 
La lactancia materna a demanda es la mejor alimentación que puede recibir un bebé. Los primeros días son fundamentales para establecer las pautas de lactancia y evitar problemas. Con estos trucos te resultará más fácil empezar a dar el pecho a tu recién nacido.

Para el recién nacido

  • Dar el pecho todo el rato que el bebé quiera. La leche del final es la que más sacia y engorda debido a su alto contenido en grasa, aunque la succión sea más lenta y el niño se quede medio dormido. Antiguamente se decía que esa leche ya no alimenta; hoy se sabe que es justo lo contrario.
  • No poner horarios para las tomas; si damos el pecho al bebé la mitad de las veces que lo pide, tenderemos mucha menos leche. Si mama más, tendremos más leche; si mama menos, produciremos menos leche.
  • No interferir en la lactancia con chupetes y tetinas. El bebé en el primer mes se confunde con facilidad con los sustitutos de goma y puede rechazar el pecho, o colocar mal la boca y causar grietas a su madre y poca producción de leche. El pecho materno es el mejor chupete: proporciona alimento, cariño, seguridad…

Para la madre

  • No continuar la toma si causa dolor. Para finalizarla, se aconseja meter el meñique por un costado de la boca del niño para deshacer el vacío que se ha hecho y retirar el pecho sin tirar, pues esto puede lesionar el pezón. Si dar el pecho te está resultando doloroso, pide ayuda a alguien que sepa cómo se debe colocar al recién nacido para que succione sin hacerte daño (la matrona, otra madre…).
  • No lavar el pezón antes y después de la toma, ni aplicar cremas, ni frotarlo. Es suficiente con la ducha diaria y con mantenerlo limpio. El pecho tampoco necesita ninguna preparación durante el embarazo.
  • Si la madre nota los pechos hinchados, conviene que el pequeño amamante con frecuencia.
  • Es importante no comprimir las mamas con sujetadores a presión o discos absorbeleches (que impiden que funcione el mecanismo natural de que la leche goteee y no se retenga). Es mejor cambiarse de ropa a menudo si se moja y, al menos durante la noche, se recomienda no usar sujetador.