EL ARTICULO DEL MES
Por Marta, mamá de dos niñas
HISTORIA DE DOS LACTANCIAS
Que el relato de esta historia, la mía, la de mis hijas, sirva de
agradecimiento a todas las personas que, de un modo u otro (a través
de foros, páginas web, grupos de lactancia...) dedicáis parte
de vuestro tiempo a prestar consejo y apoyo emocional a las madres que luchamos
por la LM de nuestros hijos.
A mi primera niña, que ahora tiene tres años, se la llevaron
al nido nada más nacer, por protocolo del hospital, a las 7 de la tarde.
Me la llevaron a la habitación, para que la viera sobre las 11 de la
noche y no volví a estar con ella hasta las 6 de la mañana del
día siguiente. A las 11 intenté darle el pecho pero no lo cogía
y lo dejé. Al día siguiente lo seguí intentando pero a
la niña le costaba mucho coger el pezón. Ya llevaba chupete y
le dábamos biberones de suero glucosado "para que no se quedara
con hambre". Le costaba varios minutos "engancharse" y como “a
los diez minutos hay que cambiar de pecho", la soltaba y a luchar porque
cogiera el otro. Decidí comprarme unas pezoneras y así se enganchó mejor.
Un día, sin saber por qué, mientras tenía a la niña
en brazos cogió sola el pecho y deje de usarlas. Estuvo tomando LM en
exclusiva hasta los tres meses. Había tomas que eran "buenas" y
me resultaban muy satisfactorias. Otras en las que no comía muy bien
y me sentía frustrada, me lo tomaba como algo personal. Le daba de comer
cada tres horas, como me dijo el pediatra. A veces lloraba "antes de tiempo" y
era un poco desesperante. Nunca le daba el pecho fuera de casa porque me daba
apuro y me resultaba un poco estresante el salir a hacer algún recado.
A los tres meses, aproximadamente, el ritmo de crecimiento comenzó a
ser más lento y el pediatra me recomendó una leche de fórmula
para que le diera una "ayudita". Cada vez tomaba más biberón
y menos pecho y, más o menos, a los cinco meses, cuando me incorporé al
trabajo, deje de darle el pecho completamente. Confieso que lo viví como
una liberación.
Poco tiempo después, a través de internet, conocí una
forma diferente de vivir la LM.
Hace poco más de cinco meses nació mi segunda niña. Cambié de
médico y hospital para poder tenerla conmigo desde el paritorio. Así lo
hice y a los 15 minutos de nacer comencé a darle el pecho. Se enganchó perfectamente.
Durante las 48 horas que duró mi estancia en la clínica no se
separo de mi lado y estaba la mayor parte del tiempo al pecho. Recuerdo que
cuando venía el pediatra a ver a la niña decía ¡vaya
casualidad, siempre la pillo mamando! Y yo pensaba ¡claro, si es que
no lo suelta!. Le he dado el pecho cuando he creído que me lo pedía,
sin horarios, sin mirar al reloj para saber hacía cuanto que había
comido o la duración de la toma. Le he dado el pecho en dónde
me pillara: en cafeterías y restaurantes, en el coche, en probadores,
en la playa, en la piscina, en el parque.... Al principio confieso que me daba
un poco de vergüenza y miraba a mi bebé sin levantar la vista al
frente. Pero fueron las cuatro primeras veces. Ahora lo hago con soltura, convencimiento
y orgullo. Y ¡que me diga alguien algo!, que ya le tengo el “discurso” preparado.
La niña está creciendo a buen ritmo y es muy despierta y alegre
(¡y muy guapa!). He empezado a trabajar hace poco y me saco la leche
en el trabajo para que se la de la abuela al día siguiente. Por la tarde
y la noche sigue mamando a demanda. El seguir con la lactancia me está ayudando
a que la separación de mi hija que implica la vuelta al trabajo sea
más llevadera. Aunque pase menos tiempo con ella, aunque no sea yo quien
la cuide por las mañanas, sí soy yo, su madre, la única
con la que come “piel con piel”, la única que le ofrece el alimento
que mi cuerpo prepara para ella. ¡Y lo acepta encantada!. Para mí lo
mejor de la LM no es la calidad de la leche, ni la comodidad de tener el alimento
preparado a cualquier hora ni en cualquier sitio, ni el importante ahorro que
supone. Lo mejor es como refuerza el vínculo emocional madre-hijo.
Soy muy feliz con la LM y pienso llegar hasta donde mi hija quiera.
A todas vosotras. Gracias.
Marta.
