EL ARTICULO DEL MES

Autor :

Irene Balsalobre Miembro de Lactando - Grupo de Apoyo a la Lactancia Materna y Crianza

 

EL LLANTO Y EL SUEÑO

Hace más de 20 años en USA un tal Dr. Ferber escribió un libro con un método para dejar llorar al niño poco a poco cada día más y que se durmiera solo (esto es lo que se denomina un método conductista). Desde mi experiencia con mis hijos y como madre que ayuda a otras desde Lactando (Grupo de Apoyo a la Lactancia Materna y Crianza), no puedo estar de acuerdo con esto porque el llanto tiene efectos negativos, entre otros los siguientes:

1- Hace que una parte del cerebro (la amígdala), que tiene el control de las emociones, llegue a una situación de estrés extremo, haciendo que el individuo se encuentre en un estado de shock. En ese estado la capacidad de comprensión está muy mermada y no hay posibilidad de que entienda lo que se le está diciendo. Así, el decirle a un bebé que está llorando a moco tendido que le queremos y que volveremos enseguida, no sirve para nada.

2- Alteración de otra parte del cerebro que se encarga del habla. Así, aunque quisiera, un niño no nos puede decir qué le pasa porque no puede hablar (además muchos todavía no saben).

3- El desarrollo cerebral está en su auge máximo, así que podemos hacernos una idea de las connotaciones futuras que tendrá para el comportamiento de un cerebro que ha estado en una situación de shock tan impresionante.

4- Se generan una serie de hormonas debido al shock del abandono y del lloro, y precisamente esas hormonas son las que causan el vómito (como cuando hay una repulsa al ver un cadáver o algo así). O sea que no es que el niño vomite "porque es muy listo" o “un manipulador” y "quiere llamar la atención" sino porque su cuerpo genera una respuesta al maltrato en forma de cóctel de hormonas que le causan un vómito involuntario.

En la sociedad actual, son muchas las personas que hacen pensar a los padres que sus hijos tienen un problema de insomnio porque no les han enseñado a dormir, cosa totalmente incierta, porque el sueño es un proceso evolutivo, y los niños aprenden a caminar, a aceptar los alimentos sólidos y a hablar sin necesidad de obligarles, solo cuando están preparados.

Mediante un método conductista los niños aprenden (a un precio muy alto según mi opinión) que por más que lloren cuando es de noche nadie les atenderá (muchos llegan incluso a vomitar o tirarse de la cuna) y que sus propios padres les hacen caso omiso porque les catalogan (a los niños) como manipuladores. No es que aprendan a dormir, porque todos los niños hasta los 3-4 años tienen breves despertares nocturnos (igual que los adultos, pero no lo recordamos al día siguiente), sino que al saber que nadie irá a atenderlos vuelven a dormirse sin “molestar” a sus padres.

Yo no me imagino entrando al cuarto de mis hijos cada 15 minutos para decirles que les quiero mucho pero que deben dormir solos, porque yo misma no puedo dormir si mi marido no está en casa por la noche (y eso que tengo raciocinio de adulto); menos aún dejarles que esto dure varios días para ver si se acostumbran y comportarme como un robot autómata ignorándolos (entrando a limpiar si vomitan o diciendo que les quiero pero que se duerman), cuando puedo ofrecerles mi propio cuarto (se puede adosar la cuna o una camita) o incluso mi cama. Esto no supone un problema para la familia si todos los miembros de ésta lo consideran algo natural. En Japón los niños suelen dormir en compañía de sus padres hasta los 7 años aproximadamente, y si pasada esa edad tienen un abuelo en casa el chico duerme con él como norma de cortesía para que el anciano no esté solo. Al contrario de lo que pueda parecer, los países donde se practica el colecho (compartir el lecho) tienen tasas más bajas de muerte súbita que en Europa. Los bebés aprenden los patrones de vigilia-sueño y de respiración-pausa mucho mejor si duermen cerca de un adulto, ya que tienden a imitarlos inconscientemente.

Yo me pongo en el lugar de un bebé (que espera amor, comprensión y compasión de sus padres) y que recibe rechazo e indiferencia por la noche y no me hago a la idea... incluso pienso ¿qué les estamos enseñando desde pequeños? ¿a no confiar en que tienen a sus padres cuando tienen miedo, dolor de dientes, malestar....? Luego nos quejaremos de que los adolescentes no confían en sus padres, y no es ni más ni menos que lo que se les está enseñando desde pequeños. A buscarse la vida por sí mismos de la manera más dura: ignorando gran parte de sus necesidades.

Según el Artículo 9º de la Declaración de los Derechos del Niño , aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959 “El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono , crueldad y explotación”. A mi parecer ignorar el llanto desesperado de un niño durante unos pocos minutos puede significar para él un abandono, puesto que no entienden el concepto de tiempo y unos minutos pueden parecerle eternos.

Si estás leyendo este artículo (y sobretodo si has llegado hasta aquí) quizás te encuentres desesperada porque la falta de sueño empieza a interferir en tu vida cotidiana. Te recomiendo entonces que leas algunos libros que pueden ayudarte a cambiar algunos hábitos, pero siempre respetando las necesidades de los bebés y niños.

Bésame Mucho (Carlos González, Editorial Temas de Hoy)

Felices Sueños (Elizabeth Pantley, Editorial Mc Graw- Hill).

Puede que se tarde más en conseguir dormir sin interrupciones que de otra forma más brusca, pero si está en juego el bienestar de mis hijos, mi buena relación con ellos, el respeto, la confianza... ¿porqué no hacerlo así aunque tardemos unas semanas más en conseguirlo?

Más información de UNICEF sobre dormir de forma segura con el bebé:

http://www.babyfriendly.org.uk/pdfs/spanish/sharingbed_spanish.pdf