EL ARTICULO DEL MES
Por Xesca (Francesca)
Miembro de la Asociación "El Parto es Nuestro"
EL RECUERDO DEL PARTO
EL RECUERDO DEL PARTO
A veces pensamos que lo que ocurra en el parto lo olvidaremos fácilmente.
Pero no es así. Muchas mujeres padecen estrés post-traumático
post-parto. Francesca dice: “Todo lo que pasó me venía a la mente
cuando le daba el pecho a mi bebé. Y ahora sé por qué”.
Esta es la teoría de una psiquiatra:
El parto es un momento clave en la vida de las mujeres, por si mismo, no sólo
porque nos permita tener a nuestros hijos, es la culminación de nuestra
vida sexual, y tiene mucho que ver con toda nuestra identidad. Yo tengo mi
propia teoría como psiquiatra sobre porque nos obsesionamos tanto. Yo
ha habido veces en que he creído volverme loca después de cada
cesárea. Y es que mira, desde el punto de vista biológico en
el parto la oxitocina actúa sobre el cerebro de la madre y del niño.
Hace que en un parto natural nada más nacer madre e hijo se miran fijamente,
asombrados, se descubran, se vean, así durante un buen rato. Todo lo
que sucede en esos momentos queda grabado en el cerebro de ambos muy fuerte
muy fuerte, impreso para siempre, es el inicio del vínculo más
fuerte que tenemos los humanos. ¿Que pasa entonces si en ese momento
en que nuestro cerebro está preparado para memorizar los detalles de
nuestra cría y nos maltratan? Pues que se nos queda grabado el maltrato.
Vuelve a nuestras mentes una yo otra vez durante los meses que siguen el nacimiento,
cada vez que vemos a nuestro hijo o hija nos viene sin querer el recuerdo,
en vez de recordar un instante de amor recordamos una humillación, una
herida, pánico a morir o a que se muera. ¡¡¡es tan
difícil empezar a sí la maternidad!!!. Nuestro cerebro está afectado,
y nos cuesta mucho recuperarnos.
Esto es lo que le dijo a Francesca una comadrona:
Francesca, la culpa de que no puedas olvidar esos momentos la tiene la biología,
son las hormonas que se segregan durante el parto para el "imprinting". Todo
lo sucedido durante el parto, el antes, durante y después, se queda
grabado muy fuertemente en nuestra memoria, hasta el más mínimo
detalle!
Y leer lo que dice este trocito de un artículo sobre el vínculo
afectivo:
Cuando aparecieron por primera vez los estudios sobre la vinculación
afectiva resaltaron la importancia del «período crítico» inmediato
después del parto, cuando tendrían lugar una cadena de milagros,
anteriormente dejados íntegramente en manos de la Madre Naturaleza.
La química del cuerpo asociada con el trabajo de parto y el expulsivo
lleva a madres y bebés a un íntimo acercamiento donde el mero
contacto de los labios del bebé con el pezón estimulan una cascada
de hormonas del amor que bendicen tanto a la madre como al bebé. Estas
hormonas favorecen la expulsión de la placenta, ayudan a contraer y
recuperar el útero, reducen el sangrado postparto y facilitan la subida
inicial del valioso calostro y posteriormente, de la leche materna. Mientras
tanto, el neonato estaría en un excepcional estado de «alerta
tranquila» que favorece el rápido aprendizaje y la toma de contacto
personal durante una hora más o menos después del parto -antes
de caer en largos períodos de sueño. Durante este corto período
de posibilidades, si no son molestados, el bebé y la madre entran en
una especie de embelesamiento, mirándose mutuamente y experimentando
una serie de emociones y sensaciones físicas placenteras ampliadas en
el nuevo entorno fuera del útero. Muchos hechos de este tipo resaltan
la compleja orquestación vital del nacimiento y les dan a los lazos
afectivos su carácter milagroso y necesario.
Por lo tanto y por el bien del vínculo afectivo, procuremos que el momento
del parto sea agradable. Y sobretodo, procuremos tener al bebé en nuestros
brazos para recordar ese precioso momento.
FUENTES:
El parto de los mamíferos
Actualmente la mayoría cree que no es posible dar a luz de forma
segura sin la ayuda de todo tipo de procedimientos e instrumentos técnicos.
Es una creencia hasta cierto punto lógica en una cultura que asocia
indiscriminadamente tecnología a progreso, pero la realidad es mucho
más sencilla. Algunas mujeres sí pueden necesitar ayuda técnica
médica -no más de un 10% (OMS)-, pero lo que absolutamente
todas necesitan es intimidad, condición sin la cual el parto, un acontecimiento íntimo,
no puede progresar de forma fluida.
Puede resultar paradójico que para "humanizar" el nacimiento necesitemos
bajarnos de nuestro pedestal racional y asumir algo que es insoslayable: somos
una especie mamífera, y eso condiciona nuestra manera de nacer. Entonces: ¿cómo
es el parto de los mamíferos?
Las hembras mamíferas tienen todas un comportamiento similar: en el
momento del parto se esconden, se aíslan; y no tanto para evitar el
peligro de asalto de los predadores, en cuyo caso se agruparían, sino
para protegerse de miradas indiscretas e intervenciones inoportunas de los
individuos de la propia especie. Por ello, los mamíferos que viven de
día suelen parir de noche, mientras que los que viven de noche paren
de día. Cuando esta privacidad se ve alterada, o cuando sobreviene algún
peligro, el parto se interrumpe, y la parturienta busca otro lugar más
tranquilo: el estrés inhibe el parto. Sólo entonces el parto
vuelve a reanudarse. Esta es la realidad: una mamífera no pare a menos
que se sienta completamente segura
El parto hospitalario
El parto hospitalario está lejos de responder a esta necesidad de intimidad
y privacidad, lo que entorpece la fisiología del parto y lo convierte
en una dura prueba para las mujeres. En los países con una fuerte medicalización
de la asistencia al parto, la planificación de los servicios obstétricos
suele revelar una profunda incomprensión y falta de respeto hacia las
necesidades y dignidad de los protagonistas del acontecimiento.
La posición horizontal con las piernas abiertas, que deja los órganos
sexuales innecesariamente expuestos y vulnerables, la presencia de observadores
que irrumpen en la habitación o el paritorio, las órdenes a las
mujeres sobre lo que deben o no deben hacer, los tactos continuos y tantos
otros comportamientos invasivos no son sólo una falta de respeto, sino
que constituyen auténticos factores de riesgo.
Esta falta de privacidad favorece las complicaciones médicas, al someter
a las mujeres a un fuerte estrés físico y emocional que dificulta
la fisiología y evolución del parto. Las hormonas del estrés
inhiben la producción de oxitocina, hormona que dirige el parto, y además
contraen la musculatura. Dicho de otra forma: la mujer se contrae, se cierra,
y la dilatación se bloquea. La famosa comadrona Ina May Gaskin lo resume
de modo magistral en unas pocas palabras: "una mirada poco amable es suficiente
para que una mujer no dilate". Por tanto, la falta de intimidad es un factor
real de riesgo. Si una mujer sabe que le van a cortar su vagina (episiotomía) ¿cómo
se va a abrir? ¿Cómo va su cuerpo a querer dejar salir a su bebé,
si sabe que se lo llevarán de su lado? Su instinto de autoprotección
y conservación le hará contraerse literalmente.
El parto como acontecimiento sexual
Reducir el nacimiento a un evento
médico ha hecho perder de vista
la realidad de que el parto es un acontecimiento de la esfera sexual, y por
tanto muy fácil de perturbar. Orgasmo y reflejo de eyección
materno-fetal son dos reflejos espontáneos similares, que se producen
gracias a un estado emocional y hormonal parecido. Y todo el mundo sabe que
no se puede controlar, dirigir, forzar ni siquiera observar indiscretamente
un episodio de la vida sexual sin inhibirlo. Parir un hijo es un acto de
amor, consecuencia de un acto de amor anterior. Ambos acontecimientos son
fuertemente dependientes del entorno en que se producen y del estado emocional
de los protagonistas. El ambiente y circunstancias idóneas para uno
son las mismas que para el otro. "La presencia de observadores nunca es anodina",
decía el Dr. Michel Odent.
Leilah Mc Cracken, madre de siete hijos y autora de "Resexualizing birth" lo
resume de esta forma: "Si durante el sexo alguien pincha repetidamente a una
mujer, mira fijamente su rostro y su cuerpo y le insta impacientemente a que
tenga un orgasmo, seguro que no lo tendrá. Lo más probable es
que se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una mujer no se siente
lo suficientemente segura físicamente para dar a luz, si le observan
y le tocan continuamente, si ve mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps,
si se le dice que no puede tener un parto sin intervenciones doloras y peligrosas,
no hay manera de que dé a luz; está más allá de
su control consciente. Sabe que el ambiente donde está no es seguro
para parir: no puede dejar que su bebé salga si ella está muy
estresada o herida para cuidarlo, si ve "el carrito de torturas" esperándolo".
Acompañamiento en el parto
Una parte importante del bienestar emocional de la madre es el apoyo que recibe.
Esta no es una cuestión menor: numerosos estudios científicos
han constatado que el acompañamiento continuo durante el parto por
una persona de su elección aumenta el bienestar de la madre, mejora
los resultados de salud y disminuye considerablemente la tasa de todas las
intervenciones, incluyendo cesáreas.
Actualmente, la presencia del padre en el parto ha pasado de ser una reivindicación
a casi una imposición. Esto ha sido una indudable conquista…que no debería
constituirse en regla fija. Muchas mujeres se han sentido mejor cuando su marido
les compaña durante el parto, pero otras no.
Es frecuente que cuando una mujer no desea determinadas intervenciones el personal
médico trate de convencer al marido para que -deseoso de ayudar- a su
vez convenza a su mujer. Si el marido confía más en la técnica
que en la naturaleza, si tiene miedo o no está en total sintonía
con los deseos y necesidades de su mujer, puede dejarla sin "protección" frente
a los protocolos hospitalarios en un momento muy vulnerable. Cuando una mujer
da a luz en un hospital, sus necesidades pueden no coincidir con las prioridades
del hospital. Dado que la mujer no está en condiciones de negociar en
ese momento, corresponde al acompañante actuar de "puente" entre la
mujer y el personal hospitalario, y así evitar que se irrumpa en su
intimidad y se le impongan prácticas que ni necesita ni desea. Actualmente,
acompañar a una mujer que pare en el hospital no se puede improvisar,
requiere estar bien preparado.
La necesidad de ayudar puede hacer que las personas que acompañan a
la mujer intervengan, den instrucciones o simplemente hablen a la mujer, interrumpiéndole
en su "viaje interior". El simple hecho de hablarle a la parturienta le obliga
a estar en clave racional. Esto inhibe el proceso instintivo del parto, dirigido
por el cerebro mamífero, e inhibido por la mente racional. Por eso el
acompañante debe estar disponible, pero en un segundo plano, y comprender
que el parto es un proceso lento y espontáneo, en el cual no hay nada
que se pueda hacer para "resolver" rápidamente la situación,
como si de un problema se tratara.
Es necesario también tener en cuenta que las creencias o sentimientos
de los asistentes a un parto pueden tener un gran impacto la evolución
del mismo. Si las personas presentes en el parto confían más
en la tecnología que en la naturaleza, creen que el parto es arriesgado
y peligroso, tienen miedo o prisa, será inevitable que eso contagie
a la mujer e impregne la calidad de la atención que reciba.
Es también esencial la calidad de la relación entre la mujer
y su acompañante. Siendo el nacimiento un acontecimiento involuntario
y espontáneo al cual hay que rendirse y entregarse para que fluya, es
necesario que la parturienta no se sienta obligada a guardar compostura alguna,
que se sienta absolutamente libre y desinhibida para expresarse y actuar de
la manera que sea.
Por todos estos motivos, quien acompaña a la mujer durante el parto
es una cuestión de primer orden, que la mujer debe decidir sin condicionamientos
de ningún tipo.
¿ Qué recomienda la Organización Mundial de la Salud?
Siendo determinantes del progreso y la seguridad del parto, la OMS da una gran
importancia a los aspectos emocionales y psicológicos del parto, a
los cuales dedica varios apartados de sus recomendaciones. Por ejemplo:
El cuidado del embarazo y parto normales debe:
• Ser integral y tener en cuenta las necesidades intelectuales, emocionales,
sociales y culturales de las mujeres, sus niños y familias y no solamente
un cuidado biológico.
• Tener en cuenta la toma de decisión de las mujeres
• Respetar la privacidad, la dignidad y la confidencialidad de las mujeres.
• Estar centrado en las familias y debe ser dirigido hacia las necesidades no
solo de la mujer y su hijo sino de su pareja.
• Ser apropiado teniendo en cuenta las diferentes pautas culturales.
Dra. Isabel F. del Castillo (www.holistika.net)
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